Siluetas perpetuas de nubes durmientes,
Vayan febriles al encuentro de mi ansiedad,
Dibujen furiosas los lazos de la vida,
Que descansan pulcros en el naufragio agitado
De mi esperanza vencida.
Y vivan, y desaparezcan,
Congeladas de dolor,
Desnudas entre la incógnita verdad
De quien ama con odio,
De quien sufre con gozo,
Descansando en el trapecio de lo imposible,
Brillando con obscuridad que no termina.
Hagan castillos y tristezas,
Recen trémulas
La agonía dulce de la tarde marchita,
Que llega con traición.
Consuelen fervientes a la luna,
Porque su luto es mudo y temeroso,
Como mi ambición.
Vengan a quemar la llanura de mi memoria,
Abracen cándidas los restos de alegría,
Y transfiguren al sufrimiento
Que no me deja respirar,
Que me sigue por las calles filosas,
Manchadas por azufre y miedo.
Desprecien severas la lejanía
De los cristales de su venganza tenebrosa,
Y sean fieles a sus ojos viajeros,
Como lo he sido yo,
Atónito y sin futuro.
Extrañen a su piel,
Que es hechizo nefasto
De su altar prendido.
Deseen tocar sus llamas,
Que curan fuertes
El llanto infinito de su ausencia.
Amen sin voluntad su voz de ríos,
Que tanto he querido escuchar…
Atrápame veloz,
Amor, que no sé si vives,
Que te estoy esperando hace largas horas,
Con una mano en el corazón,
Para no dejarlo caer cuando no llegues,
Con una mano en el alma,
Para que no vuele sin amparo
Cuando te vayas.
Y tómame con desesperación
Entre tus garras valientes,
Llévame lejos,
Donde se refugia tu sol supremo,
Y vísteme con tu fuego,
Furor eterno,
Para saciar mi esplendor…
…y saber si te quiero…
Johnny Hoyer.
viernes, enero 30, 2009
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