jueves, noviembre 11, 2010

“Adagio Sórdido”

Amaría verte partir, Dolor que meces ésta noche brumosa
en tus peñascos retorcidos de olvido.
Las anclas del viejo navío yacen abstraídas en tu fondo de penumbra,
listas para convertirse en nada.
Desearía quitarte mi corazón de las manos,
vehemente querubín agridulce.
Rezas mi sufrimiento en cada sombra que come de ti.

¡Y a mis restos te invito!
Ve delante de ti el fruto de tu sucio desvelo.
Apaga la llama que arde en el amplio salón.
¡Debo estar ya muy lejos para sentirla!

Colmaría de emoción a mis amaneceres
descubrirte desterrado, bramido penoso,
altar lastimero de mis últimos deseos de amar.
Consagraría a cualquier pagano
si te alejase de mí.
Llueve la pena éste cielo sin luna,
Funesta es la contrariedad de ansiar tu abrazo
y orar por tu adiós.

¡A mi espera te encaminas, indebido culto!
Persigues intemperante a la insultante naturaleza.
Leves destellos ensucian la obscuridad de tu rostro…
Volví al percibir tu golpe apacible, vagante e impreciso.

La péndola consume la tinta que el papel devorará…
Esto es todo cuanto me queda.
¡Ay de mis días sin mis letras!
Despierto y regreso a la morada del infortunio.

Su trono florece sobre el mundo
y he olvidado el Pentecostés
para invadir un sueño que no se cumplirá.
Dejo el cenáculo y a sus trece,
Levantando la mirada al Este,
A donde llegaré algún día
sin ti, dolor.

In fletu solatium.
Amen. Alleluia.

Johnny Hoyer.

miércoles, noviembre 10, 2010

"Intervalo"

Aún en la intranquila frontera desespera la razón.
Tuyos son los caminos que llevan a la cordillera olvidada,
Paciente el rio que por sus montañas agridulces,
Me sume en vívido llanto.

Llama la canción a la voz que la grita,

Perla esbelta que tiembla en tu lecho,
Y sacude al rocío el sobresalto del trueno,
Que nunca es amable.

Tormenta venidera que no podrá agitar más mi desenfreno,

Se escurre por el alto cauce de una quebrada severa,
Asciende traidora la meca de la tristeza y se postra halagüeña
Sobre las hojas agrietadas, esparcidas en mi tempestad.

Voy cegando remembranzas con el paso de la ira,

Y me cubre momentánea la lucidez de ayer,
Para no volver otra vez.
Herbaje desmayado atesora mi dolor inconsolable,
Nutriendo de indistintas presencias, la mía,
Lóbrega y taciturna.

Vuelvo reverdecido de aquella bahía tenebrosa,

Caudal indetenible del desaliento,
Y ésta vez, tú me haces libre de ti,
Me despides sin elogios,
Me vuelves la espalda sin recelos.
Y ésta vez, yo te dejo ir,
Te veo partir por el sendero ancestral
De ésta tierra que te desconoce.

Alguna vez fuiste amor y victoria,

Sabana valiente que abrazaba mis arboles.
Hoy eres viento triste,
Lejos está el vendaval que mecía el ímpetu de tu ánimo.

Somos cordillera olvidada en vívido llanto.


Johnny Hoyer.

"Percepción"

Me toca el cielo y el pecado,
pilares temerarios de la vida y la muerte
en ésta mañana que no conozco,
y el velo de la desolación aún cae imponente
sobre mi deseo de encontrarte.
De encontrar un alma tan fuerte
que se sobreponga a la mía.
De encontrar un alma tan dulce
que haga dulce a la mía.

¿No pasarás por mí?

¿No tomarás mi mano para escapar?
No soy yo.

Delante de mí, el ocaso que hace débil a mi destino,

no quiere descansar; y me aparta de tu camino
que es una ilusión teñida de realidad.
Pareces tan distante que es imposible volver a llorar.
No ésta vez.
Eres millones de colores que me hacen mal.
Rompes mi presencia sin saber que existo,
deseas a otros porque no te alcanza el tiempo
Para detenerte en mí.

Pero mi habitación sigue vacía de futuros.

Sabor a ardor, como brillas tú, incandescente
para que nadie se acerque.
Con miedo si alguien te toca.

Revivo mi euforia ávida de tu piel,

es frenética pero inofensiva si se trata de tus ojos,
que han sabido dar aire a mi asombro,
cada vez que te siento como miel.

Pero mi voluntad sigue vacía de luces.

Por mi estrella quiero tenerte.
Quiero seguir enamorado de ti,
enigma que jamás me abandona…

¿Quién eres?


Johnny Hoyer

“Pandæmonium”


El declive repugnante en el que desaparezco
Abre heridas en mi corazón que no poseo
Dulce delirar que es oro escupido por tus amares
Ventana abrazada por fieles perjurios.

Descanso sediento en parajes ilusorios

Donde beso el color de tu voz
Lanceros que me apresan desconcertados
Son las coplas de mi insana despedida.

¿Y qué cielo bravío me llevan a recorrer?

¿Dónde se ampara la esperanza que viene por mí?
Tierra que hierves, no toques mi rostro
Fijó su tumba el sol que no me deja escapar.

Inmortales liebres nocturnas han sido

Encantadoras brujas que retienen mi ensueño
Por horas amargas lutos ancestrales llueven
Siguiendo a los arlequines que empaparon mi condena
En sus trampolines de flores ardientes.

Juraron los vientos no cercar mi celda

Lagos que duermen sobre las ansias montañosas
De quien sostiene las cadenas que me permiten ser libre.

Lloran los manantiales de ésta sombra que me traga

Hazte justo que mi futuro espera incurable
Ayes me oprimen contra la angustia sincera de
Desear lo que no existe…

Tú, corre en libertad

No quiero verte en éste bosque perdido
Navega los horizontes que abrigan fronteras lejanas
Habitaré siempre tu pasión
Aunque no mire directo a tus ojos.

Por días que no llegaron jamás

Asesiné a la razón…

Johnny Hoyer