Aún en la intranquila frontera desespera la razón.
Tuyos son los caminos que llevan a la cordillera olvidada,
Paciente el rio que por sus montañas agridulces,
Me sume en vívido llanto.
Llama la canción a la voz que la grita,
Perla esbelta que tiembla en tu lecho,
Y sacude al rocío el sobresalto del trueno,
Que nunca es amable.
Tormenta venidera que no podrá agitar más mi desenfreno,
Se escurre por el alto cauce de una quebrada severa,
Asciende traidora la meca de la tristeza y se postra halagüeña
Sobre las hojas agrietadas, esparcidas en mi tempestad.
Voy cegando remembranzas con el paso de la ira,
Y me cubre momentánea la lucidez de ayer,
Para no volver otra vez.
Herbaje desmayado atesora mi dolor inconsolable,
Nutriendo de indistintas presencias, la mía,
Lóbrega y taciturna.
Vuelvo reverdecido de aquella bahía tenebrosa,
Caudal indetenible del desaliento,
Y ésta vez, tú me haces libre de ti,
Me despides sin elogios,
Me vuelves la espalda sin recelos.
Y ésta vez, yo te dejo ir,
Te veo partir por el sendero ancestral
De ésta tierra que te desconoce.
Alguna vez fuiste amor y victoria,
Sabana valiente que abrazaba mis arboles.
Hoy eres viento triste,
Lejos está el vendaval que mecía el ímpetu de tu ánimo.
Somos cordillera olvidada en vívido llanto.
Johnny Hoyer.
Tuyos son los caminos que llevan a la cordillera olvidada,
Paciente el rio que por sus montañas agridulces,
Me sume en vívido llanto.
Llama la canción a la voz que la grita,
Perla esbelta que tiembla en tu lecho,
Y sacude al rocío el sobresalto del trueno,
Que nunca es amable.
Tormenta venidera que no podrá agitar más mi desenfreno,
Se escurre por el alto cauce de una quebrada severa,
Asciende traidora la meca de la tristeza y se postra halagüeña
Sobre las hojas agrietadas, esparcidas en mi tempestad.
Voy cegando remembranzas con el paso de la ira,
Y me cubre momentánea la lucidez de ayer,
Para no volver otra vez.
Herbaje desmayado atesora mi dolor inconsolable,
Nutriendo de indistintas presencias, la mía,
Lóbrega y taciturna.
Vuelvo reverdecido de aquella bahía tenebrosa,
Caudal indetenible del desaliento,
Y ésta vez, tú me haces libre de ti,
Me despides sin elogios,
Me vuelves la espalda sin recelos.
Y ésta vez, yo te dejo ir,
Te veo partir por el sendero ancestral
De ésta tierra que te desconoce.
Alguna vez fuiste amor y victoria,
Sabana valiente que abrazaba mis arboles.
Hoy eres viento triste,
Lejos está el vendaval que mecía el ímpetu de tu ánimo.
Somos cordillera olvidada en vívido llanto.
Johnny Hoyer.



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