Me toca el cielo y el pecado,
pilares temerarios de la vida y la muerte
en ésta mañana que no conozco,
y el velo de la desolación aún cae imponente
sobre mi deseo de encontrarte.
De encontrar un alma tan fuerte
que se sobreponga a la mía.
De encontrar un alma tan dulce
que haga dulce a la mía.
¿No pasarás por mí?
¿No tomarás mi mano para escapar?
No soy yo.
Delante de mí, el ocaso que hace débil a mi destino,
no quiere descansar; y me aparta de tu camino
que es una ilusión teñida de realidad.
Pareces tan distante que es imposible volver a llorar.
No ésta vez.
Eres millones de colores que me hacen mal.
Rompes mi presencia sin saber que existo,
deseas a otros porque no te alcanza el tiempo
Para detenerte en mí.
Pero mi habitación sigue vacía de futuros.
Sabor a ardor, como brillas tú, incandescente
para que nadie se acerque.
Con miedo si alguien te toca.
Revivo mi euforia ávida de tu piel,
es frenética pero inofensiva si se trata de tus ojos,
que han sabido dar aire a mi asombro,
cada vez que te siento como miel.
Pero mi voluntad sigue vacía de luces.
Por mi estrella quiero tenerte.
Quiero seguir enamorado de ti,
enigma que jamás me abandona…
¿Quién eres?
Johnny Hoyer
miércoles, noviembre 10, 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



0 comentarios:
Publicar un comentario